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viernes, 8 de febrero de 2013

Camilo y el Ayatollah Jomeini


En la Plaza de la Revolución de la Habana, hay una imagen de Camilo. La erigieron en el Ministerio de Comunicaciones  y mira a Nuestro Martí. Cerca, en el edifico del Ministerio del Interior, Che Guevara. El argentino no hace esfuerzo alguno por identificarse: es la foto de Korda y todos le conocen. Ha estado allí, de una forma u otra desde el 18 de octubre de 1967. Celia le advirtió al comandante Ramiro: no se te ocurra sacarla.
En 1997 tomó un soporte que es el que se distribuye en postales.
Ayer, hablé con un amigo mexicano; amigo mío y de la Revolución Cubana.  Hacía dos años que no visitaba la isla. Le mostré la imagen de Camilo. No lo conoció. Se colocó los espejuelos. Ustedes están locos, pero no para colocar en la Plaza de la Revolución  al Ayatollah Jomeini. Le miré extrañado.  Oiga , ese es Camilo Cienfuegos. Bueno usted dirá que es Camilo, pero así de serio, deja de serlo y se convierte en un integrista iraní.
Es cierto. Cumplimos con Camilo, merecido espacio. Pero le arrugamos el rostro.

Dos Camilos tengo yo...


Nuestro continente sufre de cargar con la necrofilia como algo que debemos admirar. Pasan los año s y seguimos conmemorando las muertes  y olvidando los nacimientos. Damos vivas a las mortajas, enterramos las serpentinas.
Así, el Camilo cubano es traído a nosotros, cuando se nos fue; así el Camilo colombiano es alabado por un fusilito.
Quién recuerda el cumplevidas de ambos. Muy pocos.  Se impone la necrofilia centenaria, de la cual, los rebeldes, no hemos sabido sacudirnos.
La biofilia, que tanto cita Paulo Freire, parece maldita incluso entre algunos educadores y educadoras populares. Camilo Torres fue el precusor de la Teología de la Liberación. El fundador junto a Fals Borda y Umaña  Luna de la primera Facultad de Sociología de América Latina. De crear la organización política Frente Unido, donde iba la Democracia Cristiana, pasando por el ala disidente del liberalismo colombiano- el Movimiento Revolucionario Liberal, encabezado por López Michelsen-, hasta  miembros de las Juventudes Comunistas.
Del Camilo cubano, los niños solo conocen que su avioneta se perdió en el mar. El resto, que hay escuelas de formación militar que llevan su nombre. Pero, a quién el che le dedica su texto  Guerra de guerrillas …casi nadie lo sabe…casi nadie sabe de la novia salvadoreña mientras fregaba platos y de sus acercamientos ligeros al anarcosindicalismo, gracias a los emigrados españoles.
Dos Camilos tengo yo…a los dos los llevo vivos